miércoles, 27 de noviembre de 2013

Teoría del naturismo

Elaborar una “teoría del naturismo” es complejo. Determinadas prácticas deberían explicarse por ellas mismas, sin necesidad de hacer acopio de grandes procesos conceptuales o de teorías bien trabadas. Tal vez, no lo niego, pueda haber alguna necesidad al comienzo (superar el pudor, distinguir la contemplación de un cuerpo desnudo de su cruda observación, aunar el nudismo dentro de una serie de valores naturistas mayores…), es decir, agarraderas para quien se inicia y debe luchar contra sus temores y prejuicios, sobre todo si es conducido por alguien a la vía y no llega a ella conscientemente, de la noche a la mañana, a modo de verdadero hallazgo.

Sin embargo, una vez se trata de algo ya asumido, puede existir una mayor o menor especulación, pero ésta resultará huera o, como mínimo, redundante, pues la acción es al mismo tiempo reflexión. Y, evidentemente, tampoco hay ninguna técnica transmitida, ni lecciones teóricas imprescindibles. Uno llega a la playa y se desnuda. Punto final. El resto de palabras, o de ideas, sobra.

Ante esta toma de partido, sí pueden aparecer las réplicas, las objeciones o las dudas del no naturista. O, con otros términos, su estupor, su rechazo o su envidia. Por necesidad, más tarde, habrá de surgir el diálogo y el intento de hacerse comprender, pues el naturismo aún no tengo claro si ha de ser proselitista o se ha de mantener en un lugar exquisito de iniciados, de gente verdaderamente ajena a la moral rectora. Y quizá sea éste el primero de los valores del naturismo de una hipotética lista. En nuestra cultura, manchada por la represión cristiana, estar desnudo es un logro, porque ha habido, previamente, un proceso de desconexión de moralinas, complejos y traumas de quienes, a través de la negación del cuerpo, quisieron negar al hombre. En el miedo a mostrarse desnudo, se halla la vergüenza del propio cuerpo, una sensación no siempre emanada de uno, sino interiorizada por el propio “pecado” de los otros, por su visión enfermiza. El cuerpo humano, para muchas personas, se habría convertido en algo risible por su nerviosismo ante la visión de aquello que, atendiendo a su mentalidad, debería haber permanecido oculto. Los adultos se ríen, tiernamente, de los órganos infantiles; los varones, patéticamente, sonríen ante cualquier mujer (desnuda o no…); las mujeres se carcajean de los genitales masculinos… Hay toda una gama de reacciones ante la visión de los órganos sexuales de los demás. Y esto ni es natural ni habría de ser normal (por supuesto, menos aún norma de conducta en la sociedad del siglo XXI, donde la despreocupación y la libertad se confunden con la desfachatez y el mal gusto). Ahora bien, los cuerpos nos resultan hermosos. Nos gusta contemplar la belleza de unas formas delicadas o viriles; a la vez, nos sentimos felices de que se comparta con nosotros un cuerpo ajeno a los cánones, es decir, un cuerpo gordo, feo, delgadísimo, anciano, mutilado… pues rezuman la plenitud de la existencia, son todos ellos la mostración concreta de la vida tal y como ésta es en verdad, sin aditamentos culturales. Es en este terreno donde se ha de indagar para acceder al meollo del naturismo. Habrá, es lógico, preferencias (el naturismo en exteriores o también en interiores) o diferentes modos de entender las relaciones con los más cercanos. Será, con todo, algo tangencial a la vía naturista propiamente dicha.
Además, debido a las peculiaridades climáticas de la Península Ibérica (y también al lugar desde donde escribo ahora, Ciudad de Valencia), es la playa el lugar más adecuado para comenzar este camino. No el único: una de las características de la vida naturista es estar desnudo donde sea. Qué duda cabe de que el clima influye también en el modo de vivir el naturismo, pues no se trata de llegar a ningún primitivismo literario (el de quien ve en el desnudo una cercanía mayor con el “buen salvaje” rousseauniano) o de considerar la desnudez el estado natural del hombre, sino de esgrimir un comportamiento inhabitual, adoptar sin fisuras una elección a la cual se llega partiendo de motivaciones varias.
No es improcedente distinguir entre el nudista y el naturista.
Un distingo imposible en la práctica real, aunque sí tomando como referencia la mayor o menor reflexión del individuo. Ser nudista es muy fácil: hay que quitarse el bañador y tumbarse. Al cabo de un par de horas, uno se lo vuelve a poner y se va. No hace falta suponer ningún grado de reflexión sobre la ecología, el vegetarianismo, la defensa de los animales, la igualdad de los géneros y de las opciones sexuales, el paganismo como vía religiosa… Nada de esto es necesario. Sin embargo, en este mundo de mensajes publicitarios (un argumento esgrimido por algunas asociaciones naturistas es el ahorro en bañadores, tangas o bikinis), de pudores ridículos, de abuso del cuerpo humano como mercancía, de hipertrofia genital masculina, a la persona que se queda desnuda con otras personas se le ha de reconocer el valor de transgredir las normas sociales imperantes. Normas estúpidas, qué duda cabe. Y la trasgresión siempre es el comienzo de la libertad. Así y todo, esa persona aún no será naturista; se hallará, eso sí, en el camino en cuyo trayecto pueda continuar preguntándose porques. Con su desnudez habrá conquistado un espacio para todos. Y sólo sin ropa se da uno cuenta de la ridiculez de los taparrabos en la playa o de su incomodidad a la hora de nadar. Se tratará, por tanto, de un conocimiento puesto en acción, de una verdad aprendida mediante la experiencia.
¿Qué experiencia? La de haberse quitado todas las prendas de vestir y no sólo seguir siendo uno mismo, sino ser más uno mismo todavía.
Determinadas personas relacionan la desnudez con la vulnerabilidad; bien al contrario, la desnudez es afirmación, e incluso afirmación categórica de la personalidad de uno. En las relaciones con los demás, está ausente el filtro de las ropas, las pinturas, los adornos y, así, se arrincona cualquier condicionamiento: hay otro ser humano junto a nosotros y bajo la ausencia de premisas nos relacionamos con él. Y, por supuesto, no está prohibido ver. Llegar a una playa nudista y meter la cabeza debajo de una toalla sería la misma actitud pacata que no ir: ni uno ha de exhibirse ni tampoco ha de intentar no ser visto; ahora bien, de ahí a esquivar los ojos o los cuerpos hay un trecho. Esta naturalidad falta, a menudo, como comportamiento usual. Uno se ha de poner donde quiera ponerse, no donde haya menos gente; uno ha de mirar hacia el lugar del mar que le apetezca, sin desviar la mirada si por casualidad surge un cuerpo del agua; uno ha de disponerse como le venga en gana, sin preocuparse de si queda estética la barriga o de si así cierro más las piernas. Observar estos principios es necesario, pues a ver si vamos a pensar que yendo a una playa naturista estamos liberándonos de todos los prejuicios cuando, bien distinto, estaríamos cambiándolos por otros diferentes.
De hecho, uno de los principales logros que se han de adquirir en el hecho de estar desnudo es no pensar que se está desnudo, porque ése será nuestro estado natural en esas horas. Y si uno está relajado no da importancia alguna a por qué lo está. Simplemente, lo goza. Se puede vivir lo habitual de la desnudez sin perder la atracción corporal de una sonrisa, un gesto con la mano, una postura o las formas canónicas de la belleza. Abundantes precedentes tenemos como para dejarnos guiar y no confundir el terror al cuerpo (la condena del naturismo) con el terror del cuerpo: esto sería considerar el naturismo como una especie de ascesis; en ella, la negación de la desnudez se constituiría en victoria –soy inmune a la desnudez de los demás, es decir, a los demás–, sí, pero en victoria pírrica.
Y a pesar de todo, me sigo preguntando si los naturistas hacemos proselitismo.
O lo contrario, es decir, si nuestras palabras no afianzan más la resolución de la mayoría de la gente en su no rotundo a desnudarse con otros seres humanos. A fin de cuentas, no voy a negar que el nudismo es minoritario; por esta misma razón habría en él algo de elitista: en nuestra actual cultura, como decía, supone una interiorización previa, un dar la espalda a cuanto se nos inculca, tanto desde las tribuna reaccionarias como de las aparentemente progresistas. No hacemos el juego a los unos ni a los otros. En pocas palabras, ni cilicio ni liberación cegata: el nudismo no acaba en sexo ni para mal ni para bien; no somos degenerados ni los más maravillosos de la Tierra; no lo hacemos para odiar ni para ser odiados. Lo hacemos o porque lo deseamos (nudismo) o porque es parte de un plan de vida más amplio (naturismo). De ahí su condición de “asunto aparte”. La etiqueta la colgará la sociedad en su conjunto, pero será posterior a la toma de conciencia, al hecho siempre afirmativo de querer ser uno mismo. Y éste no admitirá, jamás, casillas, clasificaciones o modas. En esta realidad, se incardina el sendero naturista para ser vivido como exploración solitaria y en comunidad, donde romper de una vez por todas la manipulación que se exige para ser admitido entre los idénticos: ese lugar de producción en cadena, previsible, donde estamos sometidos día tras día.
Fuente: http://www.generacionxxi.com/TEMAS/naturismo.htm Autor: Josep Carles Laínez


Pachamama tan lejos de dios

Desde la entrada en vigor del tratado del libre comercio entre Mexico, Estados Unidos y Canada, el campo mexicano ha sufrido terribles consecuencias, pero hay un elemento que simboliza esta devastación mejor que ningún otro: el agua.

El río Santiago, uno de los apéndices fluviales más importantes del país ha sufrido directamente las consecuencias de los tratados comerciales. A su vera, decenas de empresas de tecnología, en especial norteamericanas, arrojan sus desechos con total impunidad. Pocos kilómetros más adelante pueblos enteros se han visto afectados. La contaminación ha provocado graves consecuencias a su salud, llevando incluso a niños a la muerte. Se volvió imposible vivir del campo y de sus cosechas por lo que algunos de ellos terminaron trabajando en las mismas fábricas que provocaron la destrucción de su modo de vida.

No solo los ríos, también las costas se han visto afectadas por los acuerdos comerciales del país. El ejemplo de Cancún y sus playas atestadas de hoteles de lujo donde apenas hay acceso para los propios mexicanos comienza a extenderse por Mexico. La creación de un proyecto en Cabo Pulmo, al norte de país traería consecuencias devastadoras para la flora y la fauna marina, pero la reacción popular y de diversas organizaciones consiguió detener el proyecto.

Ahora las pequeñas comunidades campesinas deben organizarse de manera casi autónoma retomando sus saberes ancestrales respecto al agua para conseguir autoabastecerse y alejarse de un circuito comercial donde los más humildes se convierten en completos desposeídos.



martes, 26 de noviembre de 2013

El Aspartamo de Monsanto," un dulce de muerte"

El consumo habitual de edulcorantes (endulzantes artificiales no calóricos) como el aspartamo, implican un grave riesgo para la salud, según los expertos. Detrás de muchos de estos dañinos productos está Monsanto, quien los comercializa. 

Para evitar los efectos negativos que el consumo regular de azúcar puede tener para la salud, o bien para ayudar a seguir una dieta hipocalórica en aquellas personas que quieren bajar de peso, a menudo dietistas y profesionales de la medicina aconsejan utilizar endulzantes artificiales, que contienen principalmente aspartamo. 

Sin embargo, de acuerdo con cada vez más expertos, los riesgos de consumir estas sustancias artificiales pueden ser elevados, en algunos casos demasiado peligrosos. 

Los peligros del aspartamo 

El aspartamo es un endulzante artificial creado a partir del ácido aspártico. Cuando la temperatura de este endulzante excede los 30 grados centígrados, el metanol que contiene se convierte ácido fórmico, veneno que se usa para matar hormigas y que causa acidosis metabólica. El aspartamo es además especialmente peligroso en pacientes diabéticos, pues este ingrediente eleva los niveles de azúcar de la sangre hasta situarlos fuera de control. 

Según Erik Millstone, profesor de la Unidad de Investigación sobre Políticas Científicas de la Universidad de Sussex, Gran Bretaña, existe una serie de informes que se vienen elaborando desde la década de 1980 que relacionan al aspartamo con más de 90 reacciones adversas en consumidores sensibles. 

Entre dichas reacciones se incluyen dolores de cabeza, visión nublada, pérdida de sensibilidad y de oído, dolores musculares, ataques de tipo epiléptico, entumecimiento de las extremidades, síntomas parecidos a la esclerosis múltiple y al lupus, excitabilidad, disfunción hepática, pérdida de la memoria, conducta agresiva, convulsiones, daños visuales y degeneración neurológica mayor, cáncer cerebral o alzhéimer. 

¿Por qué sigue siendo legal? 

A mediados de la década de 1970 el laboratorio Searle descubrió por casualidad el aspartamo y trato de comercializarlo como endulzante. Searle no consiguió su aprobación por parte de la Agencia de Medicamentos y Alimentos (la FDA, por sus siglas en inglés) estadounidense debido a que algunos informes señalaron que "el aspartamo puede producir tumores cerebrales", lo cual fue confirmado en 1981 por un equipo de investigación de la agencia integrado por tres científicos independientes. 

Más aún, pruebas realizadas en ratas mostraban que los cerebros de aquellas a las que se les suministraba aspartamo quedaban perforados en varios puntos, dejándolo literalmente como un colador. Pero en 1985 Monsanto compró la firma Searle, que pasó a ser su subsidiaria como Searle-Monsanto y poco después la licencia para vender fue concedida a la multinacional, que empezó a comercializar edulcorantes libremente en el mundo. 

El aspartamo, no solo se usa para sustituir el azúcar sino que está presente asimismo en bebidas gaseosas 'light', gomas de mascar, alimentos secos y en muchos de los productos que se venden como "sin azúcar", por lo que hay un gran interés entre algunos de los gigantes de la alimentación para que este tipo de productos, a pesar de ser perjudiciales, se sigan consumiendo.

Canadá aprueba la producción de salmón transgénico a gran escala

Canadá ha aprobado la producción a gran escala de huevos de salmón híbrido, convirtiéndose en el primer animal modificado genéticamente en el mundo que ha logrado llegar tan cerca de los supermercados y de las mesas de los consumidores.

Texto completo en: http://actualidad.rt.com/ciencias/view/112421-canada-aprueba-salmon-transgenico-comercial


Una nefasta noticia,teniendo en cuenta que cada vez lo transgénico gana terreno sobre lo natural,y que puede generar mas de un desastre ambiental.Nuevamente con la excusa de generar alimentos para la población,nos quieren colar los transgénicos por la puerta de atras,invitamos desde Estado natural del ser a que la gente se informe sobre lo que estamos consumiendo y sepa decidir sobre lo que quiere en su mesa.

lunes, 18 de noviembre de 2013

El cuerpo y el mar,nudismo y naturaleza

Una de las razones por las que hacemos nudismo en la playas, aparte del hecho de disponer de una superficie más o menos uniforme donde tumbarnos y relajarnos al mismo tiempo que nos tostamos al sol, es el placer de bañarse en el mar (o en un río). Se podría decir que es la razón principal de que a los humanos nos guste tanto la playa, y no hay muchos casos de animales que vayan a zonas saladas a remojarse.

Si resulta placentero bañarse en el mar en un día de calor, con el bañador puesto, el hecho de hacerlo desnudo aporta un plus a esa sensación, y ayuda a que esa droga llamada nudismo entre en nuestro cuerpo y no desee salir nunca. Además, al estar completamente desnudos se crea una armonía (algunos seguro que lo habéis notado, sobre todo la primera vez) en la que mente, cuerpo y agua se mezclan y de repente todos los pensamientos desaparecen, dejando paso a una sensación de paz inmensa como en pocas ocasiones puede experimentarse.


Puedes comprobar que esta conexión, al compartirse con otros, refuerza lazos y aporta recuerdos positivos a una relación. Si puedes hacer nudismo con tu pareja o con un grupo de amigos, comprobarás como después de eso te encuentras más cercano a ellos, porque vuestra cabeza está asociando la sensación del amor y/o la amistad con la sensación placentera de estar en contacto totalmente directo con la naturaleza.

Esta sería una muestra más de la conexión que tiene el nudismo con la naturaleza. Al despojarnos de todas las ataduras culturales (ropa) conectamos directamente con nuestro yo primario, ese que no piensa en trabajar, en los problemas familiares o económicos, o en si nuestro equipo va a perder o ganar. Volvemos al estado animal en el que se disfruta plenamente de la naturaleza, y esa es precisamente la maquinaria que hace que el nudismo sea algo que cale tan fuerte en todo el que lo prueba.

El tabú del nudismo

Para los que no tienen la suerte de crecer en un entorno en el que el cuerpo desnudo se considera algo normal y natural, el nudismo es algo que se suele llevar dentro, creciendo en soledad, y considerándolo muchas veces como algo "sucio" (al fin y al cabo, si no fuera "sucio", ¿por qué todo el mundo lo esquiva excepto cuando se habla de erotismo?, es lo que puede pensar cualquiera).

Por eso, las primeras veces que una persona experimenta el nudismo se trata de una experiencia solitaria, aunque intensa y estimulante a partes iguales. La razón más probable y más común es también la más obvia: "no conozco a nadie cercano que haya hecho nudismo o lo practique habitualmente, y si lo planteo seguramente empiecen a mirarme raro, o algo peor". Esto puede resultar parcialmente cierto, pero mi experiencia al tratar toda clase de temas con otras personas me dice que en realidad todos somos más tolerantes de lo que aparentamos. Hemos construido un muro (unos más grande, otros más pequeño) con el que evitamos hablar de temas que consideramos íntimos, pero que gustosamente compartiríamos con los demás si tuviésemos más confianza.


El nudismo es casi el tema tabú por excelencia, y es algo realmente triste. Tengo la convicción de que a la mayoría de la gente le da igual ver a una persona desnuda (es más, en gimnasios es algo habitual y nadie pone el grito en el cielo), pero la "presión social" fuerza a nuestra mente a considerar chocante ver a otro ser humano desnudo. Si eliminas esa idea de la cabeza, no sólo ocurre que se deje de ver como algo "sucio"... ¡sino que se convierte en algo natural!, la gente se acepta tal como es (no mezclemos atractivo con aceptación de los demás, que eso da para escribir un libro entero de psicología) y cada uno puede disfrutar de su cuerpo respetando a los demás y a sí mismo al unísono.

Una vez que se elimina ese tabú, las personas se sienten más cercanas porque la barrera del cuerpo desaparece y queda sólo la mental, que es la que nos define y la única que debería tenerse en cuenta.

No pretendo vender el nudismo como un mantra New Age que soluciona todos los problemas del mundo, porque no lo es (ni de lejos). Pero sí que representa la eliminación de una barrera absurda que nos hemos creado porque no nos sentimos del todo a gusto con nosotros mismos y los demás, que puede ser derribada fácilmente con sólo quitarte el bañador la próxima vez que disfrutes de la naturaleza. Y si en tu círculo de amistades introduces el nudismo como algo trivial, te llevarás la grata sorpresa de que hay más gente interesada en pasar el día sin ropa de la que te imaginas.

sábado, 9 de noviembre de 2013

Secretos del Yasuní, extrahección ,por Carlos andres Vera

Eduardo Gudynas es Uruguayo. Secretario Ejecutivo del Centro Latino Americano de Ecología Social (CLAES). Especialista en Desarrollo, Economía y Ecología. MSc en Ecología Social, Multiversidad Franciscana de América Latina (Montevideo) y Pontificia Facultad San Buenaventura de Roma, con una tesis sobre el movimiento ambientalistas en América Latina.

Su área de trabajo apunta a las estrategias en desarrollo sostenible en América Latina, con especial énfasis en la conservación de la Naturaleza, la situación de las áreas rurales, y los límites y posibilidades que ofrecen la integración regional y la globalización para alcanzar la sustentabilidad.

En 2008, colaboró en la creación de la nueva constitución del Ecuador trabajando de cerca con ex miembros de Alianza País como Mónica Chuji y Alberto Acosta. Hoy, sostiene una postura muy crítica respecto al giro extractivo que está tomando el gobierno ecuatoriano evidenciado en la ampliación de la frontera petrolera en el Yasuní.